En el marco del Currículo Nacional de la Educación Básica del Perú, la planificación curricular se fundamenta en el enfoque por competencias, el cual orienta el trabajo pedagógico hacia el desarrollo integral del estudiante. En este contexto, la matriz de competencias se convierte en una herramienta esencial para organizar de manera coherente las competencias del área, sus capacidades, el nivel esperado al final del ciclo y los desempeños anuales. Esta organización permite al docente asegurar la progresión de los aprendizajes y garantizar que su programación responda a los estándares nacionales.
La competencia es entendida como la facultad que tiene la persona para movilizar de manera integrada conocimientos, habilidades y actitudes frente a situaciones diversas. No se trata únicamente de adquirir información, sino de saber actuar de manera pertinente y ética ante los desafíos de la vida cotidiana. Por ello, cada área curricular presenta competencias claramente definidas que orientan el trabajo pedagógico durante todo el año escolar y a lo largo de los ciclos educativos.
Las capacidades constituyen los componentes esenciales de la competencia. Son los recursos que el estudiante pone en acción para lograr un desempeño competente. Incluyen procesos cognitivos, habilidades prácticas y disposiciones actitudinales. Comprender las capacidades permite al docente planificar actividades que realmente contribuyan al desarrollo de la competencia, evitando centrarse únicamente en contenidos aislados. Cuando las capacidades se trabajan de manera articulada, el aprendizaje adquiere mayor profundidad y significado.
El nivel esperado al final del ciclo, también conocido como estándar de aprendizaje, describe el grado de desarrollo que se espera que el estudiante alcance al culminar un ciclo determinado. Este estándar funciona como una meta orientadora que permite visualizar el progreso esperado y asegurar la continuidad del aprendizaje entre grados. El docente debe analizar cuidadosamente este nivel para planificar experiencias de aprendizaje que conduzcan progresivamente hacia su logro, considerando el contexto y las características de sus estudiantes.
Por su parte, los desempeños anuales son descripciones específicas y observables de lo que el estudiante es capaz de realizar en relación con la competencia. Estos desempeños orientan la evaluación formativa, ya que permiten recoger evidencias concretas del aprendizaje. Es importante comprender que los desempeños no son actividades, sino indicadores que muestran cómo el estudiante moviliza sus capacidades en situaciones reales o simuladas.
La elaboración de la matriz de competencias implica un proceso reflexivo y analítico. El docente debe seleccionar la competencia del área, identificar sus capacidades, revisar el estándar del ciclo y organizar los desempeños del grado correspondiente. Esta información se estructura generalmente en un cuadro que facilita la visualización integral del proceso formativo. Contar con esta matriz fortalece la coherencia entre la programación anual, las unidades didácticas y las sesiones de aprendizaje.
En la práctica pedagógica, la matriz de competencias permite planificar con claridad, evaluar con criterios pertinentes y promover aprendizajes significativos. Además, evita la improvisación y contribuye a que la enseñanza esté alineada con el perfil de egreso establecido por el Ministerio de Educación. Cuando el docente domina esta herramienta, logra una planificación más estratégica y centrada en el desarrollo real de sus estudiantes.






