La diversidad textual constituye un eje fundamental dentro de la planificación pedagógica, ya que amplía las oportunidades de aprendizaje y favorece el desarrollo integral de las competencias comunicativas. Una planificación articulada, que integra de manera intencional distintos tipos de textos, permite que los estudiantes comprendan, analicen y produzcan mensajes adecuados a diversas situaciones comunicativas, fortaleciendo así sus aprendizajes de forma progresiva y significativa.
Trabajar con diversidad textual implica incorporar textos narrativos, descriptivos, instructivos, informativos, argumentativos y textos discontinuos como afiches, cuadros, gráficos y esquemas. Cada tipo de texto responde a una finalidad comunicativa distinta y presenta estructuras específicas. Al interactuar con esta variedad, los estudiantes desarrollan la capacidad de reconocer intenciones, organizar información y utilizar el lenguaje de manera adecuada según el contexto y el propósito.
Una planificación articulada asegura que la selección de textos no sea aleatoria, sino coherente con los propósitos de aprendizaje. Los textos se integran de forma secuencial, permitiendo que los estudiantes avancen desde la comprensión literal hacia niveles más complejos como el inferencial y crítico. Por ejemplo, un texto informativo puede servir para adquirir conocimientos, mientras que un texto argumentativo puede emplearse para analizar puntos de vista y formular opiniones fundamentadas.
La diversidad textual también fortalece la comprensión lectora, ya que expone a los estudiantes a diferentes formas de organizar la información y distintos estilos de lenguaje. Esto les permite desarrollar estrategias de lectura más flexibles, como identificar ideas principales, inferir significados y evaluar la información presentada. Además, al enfrentarse a diversos formatos, los estudiantes mejoran su capacidad para adaptarse a nuevas situaciones de lectura.
Desde una mirada inclusiva, la diversidad textual responde a los distintos ritmos y estilos de aprendizaje presentes en el aula. Algunos estudiantes se benefician más de textos visuales o breves, mientras que otros prefieren relatos extensos o textos explicativos. Una planificación articulada que considera esta diversidad garantiza mayores oportunidades de participación y aprendizaje para todos.
Asimismo, la diversidad textual favorece la producción de textos, ya que los estudiantes cuentan con modelos variados que les permiten comprender cómo se organizan las ideas según el tipo de texto. Esto fortalece su capacidad para planificar, escribir y revisar sus propios textos, mejorando la coherencia, la cohesión y el uso adecuado del lenguaje.
La evaluación formativa se ve enriquecida cuando se trabaja con diversidad textual, ya que el docente puede recoger evidencias de aprendizaje a través de distintas producciones, como resúmenes, exposiciones orales, organizadores gráficos o textos escritos. Esta variedad permite una retroalimentación más precisa y orientada a la mejora continua.
Además, una planificación articulada basada en diversidad textual promueve la motivación y el gusto por la lectura. Cuando los textos están vinculados a situaciones reales, intereses del estudiante y contextos cercanos, se genera un aprendizaje más significativo y duradero. El estudiante se convierte en un lector activo, capaz de interactuar críticamente con la información.











